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La sala de exposiciones de La Lonja acoge hasta el 16 de noviembre la exposición Chapa y pintura, de Enrique Larroy (Zaragoza, 1954), una muestra sorprendente que transita entre el surrealismo, el pop-art y el minimalismo, y que supone un acercamiento visual a la obra más reciente del pintor aragonés.

Chapa y pintura reúne más de medio centenar de obras, la mayoría realizadas en los últimos tres años. Así, se compone de 49 pinturas, generalmente de gran formato y técnicas mixtas, una instalación que da título a la exposición, una intervención en el muro de 17 metros y un políptico (compuesto por 15 telas que se expanden en ángulo recto a lo largo de 18 metros) que se apodera del espacio.

En este sentido, la exposición posee el valor añadido y la singularidad de reunir en una muestra lo que habitualmente en su trabajo Larroy no puede mostrar con tanta contundencia y equilibrio. El título de la exposición es también el del conjunto de las siete obras que inician el recorrido. Esta instalación se ha realizado con el propósito de insinuar un resumen del trabajo de Enrique Larroy aunque, finalmente, asoman los rasgos de un autorretrato.

La obra Muestrario. Síntesis es una pieza de 2014, se plasma el hallazgo de un muestrario incompleto de puertas descatalogadas, que toma cuerpo junto a una imagen fotográfica que realizó para la serie La casa de formica, a principios de los años noventa. En la trasera del muestrario aparece la palabra “síntesis” y al autor le parece obvio añadirlo al título de la obra. Se trata por tanto de una nueva lectura. La instalación se completa con seis grandes chapas de aluminio realizadas con procedimientos industriales y esmaltadas en alto brillo.

En la exposición Especular (de Popova a Matilde Pérez) se presentó en 2011 en la Sala Juana Francés de la Casa de la Mujer de Zaragoza como consecuencia de una investigación plástica a la búsqueda de relaciones entre la obra de Enrique Larroy y el trabajo de cinco pintoras relevantes del siglo XX: Liubov Popova, Lee Krasner, Helen Frankenthaler, Bridget Riley y Matilde Pérez.

El resultado fue una serie de obras realizadas en “capas” con pintura, impresiones digitales y serigráficas sobre metacrilato, aluminio anodizado y papel. Se exponen 15 obras de la serie.

Insistentemente mareados es un políptico que nació como un tríptico pintado que se expuso por primera vez hace una década. A partir de entonces se ha transformado en un proyecto en continuo cambio y crecimiento. El desequilibrio, la inestabilidad de la propia pintura emerge de esta obra que inquieta tanto por sus diferentes perspectivas sensoriales y emocionales como por el flujo de pensamientos y conceptos que puede suscitar en el espectador.

Nuevas piezas de gran formato se añaden en cada ocasión, utilizando técnicas digitales y manuales según la intervención en el espacio en que se plantea. En esta exposición la obra se compone con 15 telas que se expanden en ángulo recto a lo largo de 18 metros.

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