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Cuadro "Sierra Aragonesa"

Cuadro “Sierra Aragonesa”

Aproximación a Malanquilla. Foto: M. Penacho.

Aproximación a Malanquilla. Foto: M. Penacho.

El francés André Masson (1896 – 1987) fue uno de los pintores más ricos, originales y complejos de la segunda mitad del siglo XX, y España, sus pueblos y sus paisajes, algunos de los motivos más intensos de una singular etapa pictórica.

Hace unos meses publiqué en Heraldo de Aragón un artículo sobre el pasó de este artista por Aragón en 1935, en una de las incursiones que realizó por España durante los dos años que residió en Tosa de Mar, entonces refugio de artistas e intelectuales. “Masson estuvo fascinado por las tierras españolas, por sus fuerzas telúricas. Para él, España era el país de la revolución, de la corrida, donde podía sentir la fuerza de la mitología y de la tierra, que son los elementos más característicos de su obra”, me explicó Camille Morando, doctora en Historia del Centro Pompidou de París y especialista en la obra del francés.

De aquellas introspecciones por la España interior captó personalísimas visiones con una profusión de elementos que remitían a la tierra, lo autóctono y a iconos de lo español, como motivos cervantinos, molinos, toros o campos de labranza.

En su paso por Aragón pintó dos vistas del pequeño pueblo de Ibdes, en la comarca de Calatayud (provincia de Zaragoza) uno de los cuales, un óleo típicamente massoniano por el color, la luminosidad y la presencia de gallos -símbolo del sacrificio, muy frecuentes en su obra-, se exhibe en la Tate Modern de Londres.

Pero había una tercera obra que él simplemente había llamado “Sierra Aragonesa”, cuya identificación del paisaje modelo se desconocía y sobre la que no aparecía mención alguna en su correspondencia y documentos personales. Se da la circunstancia que esta obra, en la actualidad en una colección particular parisina, había formado parte de las principales exposiciones retrospectivas del artista en exposiciones de París, Nueva York, Houston, Florencia, Londres y Madrid.

Los rasgos y los rojos intensos del paisaje invitaban a pensar que se trataba de otro paraje de la comarca de Calatayud -más teniendo en cuenta que Masson realizaba sus incursiones a pie-, lo que corroboraron naturalistas, periodistas y profesionales conocedores de la zona con los que consulté. Pero había un elemento esencial y definitorio en el cuadro: un molino central, representado como una construcción ilusoria y llameante, que no podía ser otro que el del pueblo de Malanquilla. Pero la perspectiva enrevesada, la desproporción desconcertante y el equilibrio amenazado que mostraba el cuadro no permitían descifrar la silueta sugerida del pueblo que el francés había inmortalizado, ni la perspectiva desde la que habría tomado los apuntes de aquel horizonte expatriado al país del surrealismo.

Siguiendo al artista

Hice entonces mi particular camino de Masson por la zona de Calatayud, recorrí los alrededores de Malanquilla y oteé los límites de aquella vista hasta encontrar el punto donde entiendo que Masson se sentaría e interiorizaría la panorámica (en la fotografía). Fusionó perspectivas e incorporó eclécticamente elementos de un gran angular – caminos, una ermita en el horizonte, restos de parideras, etc…- en una sola visión pictórica en la que el molino de aspas encendidas es el elemento central, en un paisaje intenso, fogoso, de geología embravecida bajo un cielo orgánico y vivo.

Malanquilla

Molino de Malanquilla

Molino de Malanquilla

Malanquilla es el pueblo más septentrional de la comarca de Calatayud y antesala de las espaldas de la cumbre del Moncayo. “La aproximación hacia el pueblo de Malanquilla es muy espectacular, y el pintor debió de quedarse impresionado”, me explicó Antonio Sánchez Molledo, estudioso de los molinos aragoneses y natural del municipio. “En Aragón, este es el único molino que se encuentra en un paraje tan amplio y vistoso, y aunque en el 35 estaba en ruinas era perfectamente identificable”. El molino es “todo un símbolo de Malanquilla, fue pionero en lo que luego se ha dado en llamar ‘La mancha aragonesa’. Es un auténtico molino cervantino, de corte manchego”, y fue rehabilitado recientemente.

Masson fue un artista prolífico e incansable, que exploró distintos mundos y periodos, desde el cubismo, el automatismo o la abstracción, siempre con una gran independencia creadora e intelectual que se advierte especialmente en su etapa española, un periodo que resultaría esencial para abrirle su visión del hombre y el camino hacia su posterior etapa, que viviría en el exilio americano.

"Ibdes in Aragon 1935",  ©The estate of Andre Masson/Tate Modern

“Ibdes in Aragon 1935”, ©The estate of Andre Masson/Tate Modern

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