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Con motivo del 266 aniversario del nacimiento de Francisco de Goya, hoy 30 de marzo, se inaugura en su localidad natal, Fuendetodos, una exposición sobre Tomás Harris. Apasionado de la técnica goyesca, el galerista y pintor inglés se hizo con una valiosa colección de obra gráfica y elaboró el mayor catálogo razonado del artista aragonés. Retomo aquí el artículo que se publicó sobre él en Heraldo de Aragón.

De las pasiones y elucubraciones que a lo largo de los dos últimos siglos ha generado la obra y la figura de Francisco de Goya, pocas llevaron a la investigación intensa y a la experimentación del galerista y pintor inglés Tomás Harris. Harris fue una de las personalidades más apasionantes y complejas que dejó el mundo del coleccionismo del siglo XX, y su espíritu inquieto y su versatilidad le llevaron a desarrollar múltiples facetas todavía hoy no estudiadas en su integridad: marchante, coleccionista, pintor, erudito en arte y creador durante la II Guerra Mundial de destacadas operaciones de intoxicación informativa en el servicio de inteligencia británico. Fue en los últimos años de su vida, impulsado por su vocación artística y por la admiración de las técnicas goyescas, cuando se embarcó en el estudio profundo de la obra gráfica del aragonés, lo que culminaría con la publicación del catálogo razonado “Goya: Engravings and Litographs” (Bruno Cassirer, 1964), referencia clásica para el estudio de la materia.

Harris abordó el estudio goyesco a partir del hecho creativo, de la minuciosa observación de la obra física, para lo que se hizo con una colección de más de 2.000 ejemplares “entre grabados de todas las series, pruebas de estado con correcciones del propio Goya, autógrafos y ejemplares raros. Algunas de ellas son piezas singulares y excepcionales”, explica su sobrino, el restaurador José Buces. El gran corpus de esta colección pasó al museo británico de Londres, si bien algunos de estos grabados siguen saliendo al mercado.

Arte aragonés

Tomás Harris (Londres, 1908 – Felanitx, 1964) fue hijo de Lionel Harris, diamantista judío y marchante de arte, y de la sevillana Enriqueta Rodríguez de León. Era la época del apogeo de los voraces coleccionistas de arte de finales del siglo XIX y principios del XX, y el agudo olfato de su padre le llevó a fundar, primero en Madrid y luego en Londres, la “Spanish Art Gallery”, galerías especializadas en arte español donde también recalaron piezas aragonesas. Se ha documentado que por estos negocios pasaron dos tablas góticas del retablo de San Martín de Riglos; una tabla del retablo mayor del monasterio de Sijena y dos pinturas atribuidas al Maestro de Torralba.

Tomás, con tilde en honor a sus raíces españolas, recibió formación artística en Londres y en Roma. “Su verdadera vocación fue la pintura, pero cuando volvió de Londres su padre le dijo que de eso no podía vivir y que se tenía que dedicar al negocio de las antigüedades”, relata su sobrino. Y así se inició de manera precoz como galerista, primero con un negocio propio y después asumiendo con gran éxito las riendas de la “Spanish Art Gallery”, donde además de acumular arte español y obras maestras de los grandes iconos de la pintura española, también exhibió finos ejemplos de las corrientes clásicas europeas y organizó numerosas exposiciones.

La irrupción de la II Guerra Mundial y sus nuevos cometidos como espía supusieron un paréntesis en su próspera actividad como marchante, y el fin del conflicto, marcó una nueva etapa vital y artística para Harris. Tras la guerra abandonó el comercio del arte y, con una gran fortuna acumulada, inició su retiro creativo en el municipio mallorquín de Camp de Mar, en una finca en la que hizo construir su propio taller, su templo imaginado en el que pudo entregarse a la producción y la experimentación. “Harris vivió por y para ser artista, y siempre estuvo buscando nuevos caminos para explorar”, para lo que se formó en el grabado, fabricó vidrieras, hizo cerámica, fue hábil fotógrafo y experto en historia de los tejidos. En sus óleos captó con una personalísima visión los paisajes y tipos de Mallorca, pero también el lastre que arrastraba: “En Camp de Mar todavía estaba atormentado por la guerra”, dice Buces, inquietudes que plasmó a través de una pintura fría de personajes diabólicos y monstruosos, trabajos, muchos ellos, con una inconfundible impronta vangogiana.

Paisaje mallorquín. @Buces/Renard

Paisaje mallorquín. @Buces/Renard

“Me abrió los ojos a Goya”

En aquel universo creativo mallorquín, su insaciable curiosidad le llevaría al redescubrimiento del Goya artesano, tenaz y precursor de las estampas. Ya en su etapa como galerista había comprado pinturas de Goya, pero es ahora cuando se sumerge en una investigación intensa y obsesiva del grabado y la litografía que acabaría dando lugar a la publicación de su catálogo razonado. “Fue un apasionado de la técnica, y para ello se formó en grabado y se hizo con la mejor colección del mundo de obra gráfica, para ver cómo trabajaba él y conocer de primera mano la información”, explica Buces. En ese acercamiento a los entresijos de la maestría del de Fuendetodos, Harris se atrevió a hacer su propia serie goyesca, basada en litografías, aguadas y dibujos de Goya, en la que recrea su temática clásica de crítica social, sátira y toros.

En este trabajo de estudio y recopilación, el inglés contó con la ayuda de la experta Juliet Wilson-Bareu, entonces joven estudiante, para quien Harris se convertiría en maestro escrutador de trazos. “Fue apasionante trabajar con él, ver la distinción no solo de fechas y del estado del papel de las piezas, sino también de la destreza de quien hace la edición”, explica Wilson.

La experta, embarcada en la actualidad en el estudio de la colección del empresario alemán Otto Gestenberg, reconoce la profunda huella del inglés en aquellos años de estudio iniciático. “Él me abrió los ojos a Goya, me comunicó su pasión y el entendimiento de sus imágenes”, dice de Harris, a quien recuerda como “un ser que amaba la vida, tenía una energía y una invención tremenda y le interesaba todo”. Para Wilson, el catálogo de Harris “Goya: Engravings and Litographs” fue “un trabajo tremendamente original y valioso. Se esforzó en conocer muy de cerca la fuerza de las estampas y sus defectos visuales”.

El 27 de enero de 1964 Harris iba camino de Felanitx, en la isla de Mallorca, para cocer sus cerámicas cuando encontró la muerte repentinamente al chocar su vehículo contra un árbol. Esa misma mañana había revisado algunas pruebas del catálogo, que ya no vería impreso, pero saldría a la luz meses después.

Gestor del “falso” desembarco de Normandía

El espíritu inquieto y las dotes de Tomás Harris lo llevaron a convertirse en alto funcionario del M15, el servicio de inteligencia británico dedicado al contraespionaje interno durante la II Guerra Mundial. Reclutado primero como anfitrión de una escuela de espías, pronto se apercibirían de sus capacidades para el espionaje. Su conocimiento de España y del español lo hicieron idóneo para la que sería una de sus principales tareas: desactivar la red de espías franquista en Inglaterra.

Pero fue su trabajo al frente del mítico ‘Caso Garbo’ lo que dio lugar a su mayor logro entre las maniobras de engaño y distracción gestadas durante la guerra. Garbo fue el nombre en clave de Juan Pujol, con quien Harris ideó una red imaginaria de 27 agentes ficticios que supuestamente se extendía por Inglaterra. La condición de doble agente de Pujol, británico y alemán, permitió intoxicar a los nazis con información falsa, a quienes consiguieron despistar sobre el gran desembarco de los aliados en Europa, haciéndoles pensar que sería por el Paso de Calais, en lugar de en Normandía, lo que redujo la planificación de efectivos alemanes. “Harris y Garbo orquestaron esa especie de escenografía falsa que resultó muy eficaz, pues incluso tres días después de que se produjera el desembarco los alemanes todavía pensaban que el gran desembarco estaba por llegar en Calais”, explica el editor Jaume Andreu, que investiga desde 2005 la vida de Harris para la elaboración de su biografía. “Fue una operación brillantísima”, subraya.

El paso de Harris por los servicios de espionaje británico lo llevó a trabar amistad con el llamado “Círculo de Cambridge”, un quinteto de agentes dobles, británicos y rusos que, con los años, sería desenmascarada su deserción al bando soviético. Estas revelaciones levantarían las sospechas sobre Harris, especialmente al descubrirse en el 79 que el afamado crítico inglés y profesor de arte Sir Anthony Blunt era otro de los hombres del “círculo”. Sobre este velo de sospechas trata de arrojar luz Andreu, para quien “no hay ninguna prueba que demuestre de ninguna manera su simpatía con los soviéticos, al contrario”, dice Andreu. “Harris fue un patriota, se entregó en cuerpo y alma al arte, a su pintura y a la difusión del arte español”.

Mercedes Penacho. Fuente: Heraldo de Aragón, 20 de noviembre de 2011.

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